Melissa Auf der Maur: las historias detrás del rock de los noventa llegan a Toronto

Más de 200 fotografías, autorretratos y recuerdos de carretera reconstruyen una década de música alternativa en una exposición que invita a mirar el rock desde dentro y a recordar por qué vale la pena fotografiar nuestras propias historias.

Hay una diferencia entre fotografiar una escena musical y formar parte de ella. Melissa Auf der Maur hizo ambas cosas. Mientras recorría el mundo como bajista de Hole y The Smashing Pumpkins, dos bandas fundamentales del rock alternativo de los años noventa, llevaba una cámara consigo. Fotografió escenarios, camerinos, habitaciones de hotel, compañeros de gira y momentos cotidianos que rara vez llegaban a las revistas musicales.

Ese archivo personal es el punto de partida de Melissa Auf der Maur: My ‘90s Rock Photographs, una exposición en la Art Gallery of Ontario (AGO), en Toronto, que reúne más de 200 fotografías, videos y materiales de archivo para recuperar la atmósfera de una década en la que el grunge y el rock alternativo marcaron a toda una generación.

Más que una colección de imágenes de músicos famosos, la muestra propone entrar en el universo de una artista que estuvo en medio de aquella historia y, al mismo tiempo, supo observarla desde una perspectiva propia.

Más allá del escenario

Lo interesante de esta exposición es que no se limita a documentar conciertos ni a construir una galería de retratos de músicos célebres. Su mirada se desplaza entre el espectáculo y la intimidad: la energía de una presentación en vivo convive con imágenes de carretera, amistades, autorretratos y fragmentos de la vida lejos del público.

Auf der Maur estudió fotografía en la Universidad Concordia, en Montreal, antes de incorporarse a Hole y, posteriormente, a The Smashing Pumpkins. Su formación artística acompañó su vida musical. Con cámaras analógicas de 35 milímetros, fotografías instantáneas y video, construyó un registro que hoy funciona como memoria visual de su propia experiencia y de la escena que habitó.

Entre las figuras que aparecen en su archivo está Courtney Love, líder de Hole, retratada desde una cercanía distinta a la de las fotografías promocionales. También está la experiencia de mirar al público desde el escenario: una perspectiva que recuerda que el rock no sucede únicamente entre músicos y amplificadores, sino en el encuentro con quienes están del otro lado.

La exposición recupera esa doble condición de Auf der Maur: era parte de las bandas, las giras y el movimiento cultural de la época, pero también una fotógrafa interesada en registrar lo que ocurría a su alrededor.

Compañeros de viaje, músicos admirados y encuentros inesperados

Cuando pasas meses de gira, recorres distintas ciudades cada semana y tocas frente a miles de personas, el mundo termina convirtiéndose en una sucesión de encuentros. Algunos ocurren sobre el escenario; otros, en una fiesta, un bar o durante una noche que parecía igual a cualquier otra.

Auf der Maur recuerda a músicos que admiraba y con quienes coincidió en la carretera, como Cypress Hill, con quienes compartió la gira de Lollapalooza en 1995. En su archivo también hay espacio para un encuentro mucho más personal: el que tuvo con Danny DeVito en una fiesta posterior a un concierto en el Palladium de Los Ángeles.

La emoción tenía una historia detrás. Ella y su padre solían ver juntos la serie Taxi, protagonizada por DeVito. Así que, cuando tuvo la oportunidad de conocerlo, se acercó directamente a pedirle una fotografía. No había demasiadas vueltas: quería conservar el recuerdo de alguien que formaba parte de su propia historia.

Esa espontaneidad atraviesa muchas de sus imágenes. Auf der Maur fotografiaba a sus compañeros de viaje, pero también a amigos durante una noche en un bar o a la actriz Chloë Sevigny con unas gafas extravagantes en una fiesta de Año Nuevo de 1998. No todos los momentos tenían que ser trascendentales ni todas las personas tenían que ser estrellas. Bastaba con que algo le llamara la atención.

En ese sentido, sus fotografías ofrecen una mirada distinta a la historia del rock de los noventa. Detrás de los conciertos, la fama y las grandes giras había amistades, admiraciones, fiestas y encuentros que adquirían significado precisamente porque alguien decidió registrarlos.

Antes de los selfies, una cámara siempre a la mano

Hoy estamos acostumbrados a sacar el teléfono para fotografiarnos con alguien, documentar una cena o guardar una imagen de un viaje. En los noventa, la tecnología era otra, pero el impulso de conservar esos momentos ya estaba ahí.

Auf der Maur realizaba autorretratos a partir de técnicas que había aprendido en la escuela de arte. Durante sus viajes cambió su cámara de 35 milímetros por una compacta con un lente ligeramente más angular, que le permitía extender el brazo e incluirse en la imagen junto a la persona que acababa de conocer.

El resultado era una especie de selfie antes de que la palabra formara parte de nuestro vocabulario cotidiano. Pero lo interesante no es la anticipación tecnológica, sino lo que esas fotografías revelan: la necesidad de participar en nuestros propios recuerdos, en lugar de quedarnos únicamente detrás de la cámara.

La artista sabía que estaba presenciando un momento importante para la música y para su generación. Las giras eran enormes, el ruido alrededor de las bandas crecía y la fama transformaba la vida de quienes participaban en ellas. Sin embargo, Auf der Maur también se reconocía como aquella joven canadiense aficionada a la música que había salido de Montreal para encontrarse con un mundo que antes parecía lejano.

Sus autorretratos guardan esa mezcla de pertenencia y asombro. No solo documentan a las personas que conoció: también muestran quién era ella mientras las conocía.

No importa si la foto sale perfecta

Hay otra idea que vuelve especialmente cercana esta exposición para quienes viajamos con una cámara o un teléfono en la mano: fotografiar no tiene que ver únicamente con conseguir una imagen impecable.

En una época en la que solemos pensar en el encuadre, la luz, los filtros y cómo se verá una fotografía al publicarla, el archivo de Auf der Maur nos recuerda que una imagen también puede tener valor por lo que conserva. Puede salir movida, tener una composición imperfecta o registrar un momento que no parecía importante cuando ocurrió. Aun así, años después puede convertirse en una pequeña cápsula del tiempo.

Una fotografía nos devuelve a una conversación, a una persona que conocimos por casualidad o a una versión de nosotros mismos que ya no existe de la misma manera. Nos permite observar qué nos emocionaba, qué lugares recorríamos y con quiénes compartíamos el camino. En ocasiones, incluso nos ayuda a descubrir detalles que habíamos olvidado.

Esa es una de las lecturas más interesantes que deja My ‘90s Rock Photographs: tomar fotografías también es una forma de construir nuestra memoria y conocernos mejor. No hace falta estar frente a un escenario histórico ni conocer a una estrella para que una imagen tenga significado. A veces basta con registrar una tarde entre amigos, una calle desconocida o ese encuentro inesperado que hizo especial un viaje.

BASS WOMB ROOM: escuchar también es recordar

La exposición amplía su lenguaje más allá de la fotografía con BASS WOMB ROOM: My ‘90s 4-Track Demos x Field Recordings, una instalación audiovisual concebida por Auf der Maur.

Una estructura piramidal con superficies espejadas reúne imágenes en movimiento, grabaciones de la vida cotidiana y música creada a partir de demos registrados en los noventa y sonidos capturados durante las giras. La propuesta invita a acercarse a la experiencia de tocar en vivo y vivir en la carretera desde una dimensión sensorial, en la que el sonido se convierte en otra vía para recorrer el archivo personal de la artista.

El proyecto también se relaciona con un álbum de 15 pistas que recupera material musical inédito y grabaciones experimentales de aquella época. Así, la muestra conecta fotografía, música y memoria sin tratar estos lenguajes como disciplinas separadas.

La instalación aporta otra perspectiva a la exposición: los recuerdos no solo se conservan en imágenes. También permanecen en las canciones, los sonidos de un lugar y las sensaciones que regresan cuando volvemos a escuchar algo después de muchos años.

Una visita para quienes amamos los noventa

My ‘90s Rock Photographs es una exposición importante para quienes crecieron con el rock alternativo, pero su interés va más allá de la nostalgia. La exposición permite observar cómo una artista documentó su entorno mientras participaba activamente en él y cómo esas imágenes adquieren nuevas lecturas con el paso del tiempo.

Para quienes planean una escapada cultural a Toronto, es una oportunidad de acercarse a otra faceta de la historia musical de los noventa y visitar una institución que conecta fotografía, música y arte contemporáneo.

Al final, quizá el mejor recordatorio que deja el archivo de Auf der Maur es que no necesitamos vivir una historia extraordinaria para querer conservarla. Las fotografías de un viaje, los encuentros inesperados y esos momentos que parecen insignificantes mientras suceden pueden convertirse en algunos de nuestros recuerdos más valiosos.

Así que la próxima vez que viajes, salgas a un concierto o conozcas a alguien que te emocione, saca la cámara. No importa si la foto sale perfecta. Lo importante es que, algún día, puedas volver a ella y recordar no solo dónde estabas, sino también quién eras.

Datos para tu visita

  • Exposición: Melissa Auf der Maur: My ‘90s Rock Photographs.
  • Dónde: Art Gallery of Ontario (AGO), 317 Dundas Street West, Toronto, Canadá.
  • Hasta cuándo: 6 de junio de 2027.
  • Qué encontrarás: más de 200 fotografías, videos, materiales de archivo y la instalación audiovisual BASS WOMB ROOM.
  • Información y entradas: sitio oficial de la Art Gallery of Ontario.

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